Imposible mirar a otro lado

Todo el mundo coincide, el incremento de la contaminación en los últimos años en Pekín da miedo. Los estudios revelan que la exposición a las particulas contaminantes del aire han aumentado en un 460% la incidencia de cáncer de pulmón en toda China.

Las partículas de 2’5 micras son las más peligrosas por su pequeño tamaño y sirven de alguna forma como medida de cuál es el estado de la calidad del aire. La exposición a estas partículas está directamente relacionada con la incidencia bronquitis crónica, insuficiencia cardíaca y respiratoria, cáncer del sistema respiratorio y otros efectos menos evidentes que se están descubriendo como el bajo peso en neonatos.

La Organización Mundial de la Salud de las Naciones Unidas dicta como valor tolerable la presencia en el aire de hasta 25 μg/m3 de estas partículas de 2’5 micras. Hoy es un día en el que se puede ver algo de sol. Con brisa y habiendo llovido anoche hemos alcanzado un índice de 118 μg/m3. Es un día excepcionalmente bueno. Un día normal podemos superar perfectamente los 200 μg/m3.

Los que vivimos aquí solemos consultar las mediciones de la embajada de USA, viendo cómo baila el veredicto cada día habitualmente entre “Unhealthy” y “Hazardous”. Cuando el nivel baja a “Moderate” o “Good” nos cambia el humor, la gente lo comenta por la calle como algo especial  y se ven más niños con sus abuelos disfrutando del aire libre.

 

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Cuando alcanzamos valores altos como 350 μg/m3 y más, sientes picor en la garganta al respirar. No es algo sutil. Es como tragar el humo negro que sale de un autobús al arrancar la marcha, sólo que estás en cualquier punto indeterminado de la calle. Y es con cada inspiración.

Que recuerde en este momento hemos pasado hasta 3 semanas completas en lo que va de año con niveles muy altos, francamente insoportable caminar hasta el metro. Y por increíble que parezca hasta hemos visto superar la capacidad de medición de las máquinas durante el pasado Enero (886 μg/m3):

Aquel fin de semana el gobierno pidió a los ciudadanos que no saliesen a la calle. Los hospitales estban llenos de urgencias respiratorias y cardíacas. Las ventas de mascarillas y purificadores de aire por las nubes. Al poco tiempo volvió a ocurrir durante 4 días seguidos. Y un mes más tarde otra vez. La gente con todo tipo de máscaras puestas sólo quería ver llover, nevar o soplar algo de viento que se llevase la suciedad a otra parte.

La lógica común nos dice que tendría sentido hacer ejercicio moderado para prevenir al menos los problemas cardiovasculares. Pero los médicos recomiendan lo contrario porque esto aumenta significativamente el volumen de aire inspirado, como consecuencia la cantidad de partículas depositadas en los bronquios y lógicamente la incidencia y gravedad de enfermedades respiratorias. Es decir, se trata de una ciudad en la que está contraindicado realizar ejercicio salvo en días contados.

Lo alucinante de todo esto es que no se trata de un desastre natural. Es una situación provocada. El resultado de la acción de la misma gente que sufre las consecuencias. La misma gente que se queja de la contaminación deja la furgoneta echando humo mientras van al cajero o sigue pidiendo pinchitos a la brasa en el restaurante. El que va a pie tampoco se siente responsable de que la calefacción de carbón de su casa esté a tope durante meses. Ni le dice al que se echa la siesta con el coche encendido que debe pararlo. Curiosamente las causas parecen ser siempre ajenas. En esta ciudad hay 20 millones de habitantes que no se sienten responsables de la situación.

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Algunos dicen que la principal fuente son las fábricas. Otros dicen que son los coches o las calefacciones de carbón. La única verdad es que la fuente es todo. La escusa “oficial” a nivel macro para todo lo que ocurre en el país, es que éste es un país aún en vías de desarrollo. A pesar de ser la segunda economía del mundo, las medidas necesarias para corregir estas situaciones tendrían un impacto real en el desarrollo de la economía. Lo que puedes ver a pie de calle es que importa todo un pito, es el estado de pensamiento general. Y eso da bastante miedo.

En definitiva no hay indicios de que la situación vaya a cambiar. Al contrario apuntan a que 2014 va a ser aún peor y hay estudios diciendo que Pekín necesita 30 años para llevar la calidad del aire a niveles aceptables.

¿Qué se puede hacer para que la gente se sienta responsable y entiendan que sus acciones individuales (y la omisión de estas) tiene un impacto claro en el aire que respiran? Un impacto ahora, en tiempo real. No mañana ni dentro de 50 años. ¿Por dónde empezar?